lunes 16 de junio de 2008
Una atleta polaca heroica murió por salvar a su hija no nacida
Nadie tiene mayor amor que aquel que da la vida por sus amigos
jueves 12 de junio de 2008
La verdad sobre Galileo
GALILEO
Hemos visto en los anteriores comentarios que es falsa esa creencia de que la Iglesia ha sido entorpecedora, e incluso hostil, como la acusan, hacia la Ciencia. Pero, mucho lastre existe aún sobre ello. El más manoseado asunto que, como ejemplo, siempre anteponen a quienes se atreven a oponerse a esas tesis borreguiles es el del asunto Galileo. Incluso el cardenal Newman encontró revelador que éste fuera el único ejemplo que la gente fuera capaz de citar.
Muchos astrónomos jesuitas habían estado ya trabajando en el mismo campo e hipótesis de Galileo, hasta el punto de que esperaban el hallazgo de nuevas pruebas que les permitieran defender con rigor el modelo copernicano que, al fin y al cabo, ya tenían ellos en hilvanes.
Por lo tanto, fue no sólo muy bien recibido el trabajo de nuestro personaje, sino también celebrado por destacados eclesiásticos. Es más, fue recibido en audiencia por el Papa Paulo V. Y cuando publicó su obra Carta sobre las manchas solares, en la cual defendía el sistema copernicano, por primera vez en forma ya de papel impreso, fue felicitado –entre otros-, por el cardenal Barberini (futuro Papa Urbano VIII).
Es decir, que la Iglesia no sólo no puso objeción alguna al uso del sistema copernicano, sino que además lo percibía como un elegante modelo teórico que permitía explicar mejor los fenómenos celestes. No obstante, Galileo, sin considerar este modelo como hipótesis de trabajo, lo lanzó como una certeza. Y aún llegó más lejos, ya que, haciendo una pirueta, propuso la reinterpretación de la misma Biblia en aquellos versículos que él entendía habían quedado refutados con sus hipótesis astronómicas. Y he aquí que cometió un tonto error, pues abandonó el estricto campo científico, en el que no sólo tenía absoluta libertad, sino además, el parabién y las felicitaciones de todos, para adentrarse en otro que no le correspondía estrictamente: el teológico.
Es evidente que muchos teólogos estimaron que Galileo había usurpado su autoridad por intromisión. Así Langford, uno de los expertos en este asunto, afirmó que: "no es del todo cierto retratar a Galileo como una víctima inocente de la ignorancia y los prejuicios. Los acontecimientos que siguieron son en parte imputables al propio Galileo, que entró a debatir sin tener pruebas suficientes y se metió en el terreno de los teólogos".
Por esta intromisión fue declarado hereje. Un tropiezo que ha posibilitado el mito de la hostilidad de la Iglesia hacia la investigación científica.
Orígenes de la teoría de Galileo. Postura del mundo protestante.
El gran católico polaco Kopercnik, o Copérnico, canónigo de la catedral de Frauenburg, publicó en 1543 su obra fundamental: Las revoluciones de los mundos celestes, dedicada al, también astrónomo, Papa Pablo III. Dicha obra fue posible gracias a sus observaciones desde el rudimentario telescopio instalado en dicha catedral.
La teoría copernicana (la tierra y los planetas giran alrededor del Sol) daba un golpe tremendo a la hasta entonces vigente teoría ptolemáica (El Sol y los planetas giran alrededor de la Tierra) y estabilizó el fiel de la balanza de las creencias celestes hasta el proceso de Galileo en 16. Y, es curioso, la primera alarma sobre las teorías copernicanas no llega de la parte católica, sino de la protestante. Efectivamente, desde Copérnico hasta Galileo se suceden once papas que no sólo no atacan esa hipótesis, sino que además, la alientan. Por el contrario, fue Lutero el quer a esas tesis copernicanas ya le dedicó un texto de protesta del siguiente tenor: " La gente le presta oídos a un astrólogo improvisado, que trata de demostrar en cualquier modo que no gira el Cielo, sino la Tierra. Para ostentar inteligencia basta con inventar algo y darlo por cierto. Este Copérnico, en su locura, quiere desmontar todos los principios de la astronomía." Y Melantone, principal colaborador teológico de Lutero, se muestra inflexible: "No toleraremos semejantes fantasías".
Es más, el protestante Kepler, seguidor de Copérnico es expulsado del colegio teológico de Tubinga y tiene que huir a Praga, a donde, en cambio, le llegó una invitación católica para enseñar en la Universidad de Bolonia, de verdadero prestigio.
Fue Lutero quien más diatribas lanzó contra las tesis de Copérnico repitiendo: "Se colocaría fuera del cristianismo quien afirmara que la Tierra tiene más de seis mil años."
Eppur si muove
Así que fue desde el bando protestante desde donde arreciaron las críticas contra los nuevos y revolucionarios estudios astronómicos. El mito de su defensa en contra de los católicos se desvanece; al igual que la famosa frase "Eppur si muove", que todo el mundo, incluída la extravagante Asignatura para la Educación de la Ciudadanía, atribuye a Galileo, tras escuchar su sentencia, lanzada contra los inquisidores.
Todos esos se sorprenderían si supieran que dicha frase fue inventada en Londres, en 1757, por el periodista Giuseppe Baretti.
La condena de Galileo
La realidad es que Galileo, tras escuchar la sentencia el día 22 de Junio de 1633, en el convento dominico de Santa María sopra Minerva, dio las gracias a los diez cardenales (tres de los cuales habían votado a favor de la absolución), por la pena que le impusieron. La verdadera. Y ¿qué pena fue esa?: La obligación de rezar una vez por semana los siete salmos penitenciales, durante el plazo de tres años, que una vez concluido, el propio Galileo, bastante católico, por cierto, prolongó voluntariamente durante gran parte del resto de su vida.
Son falsas, por tanto, todas esas fábulas sobre cárceles, torturas, hogueras y cuentos.., Galileo no pasó ni un solo día en la cárcel, ni sufrió violencia de tipo alguno. La verdad fue que durante el proceso estuvo alojado en Roma, a cargo de la Santa Sede, en una vivienda de cinco habitaciones con vistas a los jardines del Vaticano y con servidor personal. Y después de escuchar la célebre sentencia, fue alojado en la maravillosa Villa Médici en el Pincio, de la que se trasladó al palacio del Obispo de Siena, uno de los muchos que le apreciaban y que le habían alentado en sus teorías Por último, llegó a su elegante villa en Arcetri, llamada por sus contemporáneos "Il gioiello (La joya).
Jamás perdió la estima, amistad y aprecio de los obispos y demás eclesiásticos. Nunca se le prohibió seguir con sus estudios y de eso se aprovechó llegando a publicar un libro titulado Discursos y demostraciones matemáticas sobre dos nuevas ciencias, que es, realmente, su obra maestra científica. Y siguió desarrollando su trabajo desde el célebre Observatorio Astronómico del Vaticano, fundado y dirigido, hasta hoy mismo por jesuitas, y de prestigio mundial. Y, finalmente, creó su propia escuela rodeado de jóvenes estudiosos, en total libertad.
Si. Galileo murió a los setenta y ocho años en su cama, con la indulgencia plenaria y la bendición del Papa, el 8 de Enero de 1642, nueve años después de la "condena".
El proceso
La verdadera condena suena aún más irrisoria cuando se conoce el desarrollo del proceso llevado a cabo por tan crueles inquisidores.
Desde el principio Galileo no pudo aportar prueba alguna que demostrara su hipótesis y lo que dijo, encima, era erróneo. Nada de frases rimbombantes ni duelo titánico con tozudos censuradores.
1er error: En los cuatro días de discusión el dato aportado para probar que la Tierra giraba alrededor del Sol fue explicar el fenómeno de las mareas, diciendo que eso se debía a la "sacudida" provocada por la Tierra en ese movimiento. Lo cual era erróneo. Y, en cambio, la aportada por los inquisidores para rebatirla, era la correcta: que el flujo y reflujo de las mareas se debe a la atracción de la Luna. Sin embargo Galileo se burló de ellos y les llamó "imbéciles"
Galileo no pudo aportar pruebas porque, realmente, el movimiento de la Tierra no se demostró hasta 1748 y físicamente, más tarde con el célebre péndulo de Foucault en 1851.
2º error: Ya antes, en 1618, con ocasión de haber aparecido en el cielo de unos cometas, había afirmado insistentemente que sólo se trataba de ilusiones ópticas y arremetido contra los astrónomos jesuitas del Observatorio Vaticano que decían, en cambio, que eran objetos celestes reales.
3er error: Afirmó que la Tierra se movía pero el Sol estaba completamente fijo, cuando, en realidad, éste también se mueve en torno al centro de las galaxia.
Es decir, Galileo, en lugar de sostener sus tesis como hipótesis, se lanzó a darlas por concluidas aportando sólo errores y, además, abusando de la comprensión y hasta benevolencia entusiasta de la Iglesia, se atrevió a querer modificar la misma Biblia, lo cual ya era harina de otro costal. E incluso, desoyendo los consejos de moderación provenientes de quienes le reportaron honores y ayudas, publicó su libro Diálogos sobre los dos mayores sistemas del mundo, con la citada carga burlesca, que llegó a poner en boca del bobo del diálogo, Simplicio, los consejos de moderación dados por el propio Papa, que era su amigo, además de admirador.
Esta soberbia fue la que le llevó al citado proceso.
Galileo no sólo se permitió abusar e insultar a sus amigos y protectores, entre ellos el propio Papa, sino también a los hombres de ciencia de su época, a la sazón los astrónomos jesuitas del Colegio Romano, contra los que lanzaba diatribas en las que llamaba a los que no aceptaban el sistema copernicano: "imbécil con la cabeza llena de pájaros" "apenas digno de ser llamado hombre" " una mancha en el honor del género humano" "que se ha quedado en la niñez" y otros piropos por el estilo.
Galileo llegó a escribir expresamente en lengua vulgar, en vez de hacerlo en el idioma culto utilizado entonces entre los hombres de ciencia, el latín, y ello con el fin de "puentear" a los teólogos y demás hombres de ciencia y llegar inmediatamente al hombre de la calle. Lo cual fue juzgado como una actitud precipitada porque no era prudente hacer llegar hipótesis aún no confirmadas como verdades y desarrolladas por los sabios, al hombre de a pié.
Y, finalmente, toda la condena fue esa: la obligación de rezar una vez por semana los siete salmos penitenciales, durante el plazo de tres años, más la de no alejarse demasiado de su lujosa villa en Arcetri, pena esta última que fue levantada enseguida.
Toda la parafernalia sobre retóricas rimbombantes y frases fantásticas y retadoras al estilo del "Eppur si muove" son invención posterior de los innumerables enemigos de la Iglesia, los ilustrados y más recientemente los marxistas como Bertold Brecht.
Mas sobre Galileo. Su querida y sus hijas.
Aún sorprende más que Galileo tuviese como protectores y amigos a canónigos, eclesiásticos y al propio Papa, cuando profundizamos un poco en su vida personal, nada desconocida entonces.
Efectivamente, nuestro "condenado", convivió abiertamente sin querer casarse con una mujer, la veneciana María Gamba, de la que tuvo un hijo varón y dos hijas. Y a la cual abandonó sin más, cuando dejó Padua para volver a la Toscana por mejores posibilidades para su carrera, quitándole, incluso, los hijos.
A las niñas las alojó primero en casa de su cuñado, pero luego pensó en una solución definitiva y se le ocurrió meterlas a monjas, y como las leyes eclesiásticas no permitían que las aún niñas cogieran los hábitos, acudió a aquellos prelados que tanto le admiraban, y así, en 1613, las dos inocentes, de trece y doce años, entraban en el monasterio de San Mateo de Arcetri y tomaban los hábitos poco después.
Virginia, que adoptó el nombre de María Celeste, pudo llevar cristianamente su cruz y vivió con profunda piedad y activa caridad, pero su hermana Livia, sor Arcángela, no lo pudo soportar y vivió sufriendo toda su existencia.
He aquí un aspecto bastante vulnerable de Galileo que haría las delicias de las feministas y demás progres de la actualidad, si no fuera porque es mucho más rentable explotar la mentira de su condena por la Iglesia a causa de la ciencia. Es más, ningún eclesiástico le reprochó nunca esas flaquezas y ello porque esa Iglesia tan moralista supo no caer en el error fácil y mezquino de mezclar su vida privada con sus ideas.
Muy diferente habría sido su suerte en la Suiza de Calvino, donde decapitaban a los concubinos, o en la Alemania luterana.
Hemos visto en los anteriores comentarios que es falsa esa creencia de que la Iglesia ha sido entorpecedora, e incluso hostil, como la acusan, hacia la Ciencia. Pero, mucho lastre existe aún sobre ello. El más manoseado asunto que, como ejemplo, siempre anteponen a quienes se atreven a oponerse a esas tesis borreguiles es el del asunto Galileo. Incluso el cardenal Newman encontró revelador que éste fuera el único ejemplo que la gente fuera capaz de citar.
Muchos astrónomos jesuitas habían estado ya trabajando en el mismo campo e hipótesis de Galileo, hasta el punto de que esperaban el hallazgo de nuevas pruebas que les permitieran defender con rigor el modelo copernicano que, al fin y al cabo, ya tenían ellos en hilvanes.
Por lo tanto, fue no sólo muy bien recibido el trabajo de nuestro personaje, sino también celebrado por destacados eclesiásticos. Es más, fue recibido en audiencia por el Papa Paulo V. Y cuando publicó su obra Carta sobre las manchas solares, en la cual defendía el sistema copernicano, por primera vez en forma ya de papel impreso, fue felicitado –entre otros-, por el cardenal Barberini (futuro Papa Urbano VIII).
Es decir, que la Iglesia no sólo no puso objeción alguna al uso del sistema copernicano, sino que además lo percibía como un elegante modelo teórico que permitía explicar mejor los fenómenos celestes. No obstante, Galileo, sin considerar este modelo como hipótesis de trabajo, lo lanzó como una certeza. Y aún llegó más lejos, ya que, haciendo una pirueta, propuso la reinterpretación de la misma Biblia en aquellos versículos que él entendía habían quedado refutados con sus hipótesis astronómicas. Y he aquí que cometió un tonto error, pues abandonó el estricto campo científico, en el que no sólo tenía absoluta libertad, sino además, el parabién y las felicitaciones de todos, para adentrarse en otro que no le correspondía estrictamente: el teológico.
Es evidente que muchos teólogos estimaron que Galileo había usurpado su autoridad por intromisión. Así Langford, uno de los expertos en este asunto, afirmó que: "no es del todo cierto retratar a Galileo como una víctima inocente de la ignorancia y los prejuicios. Los acontecimientos que siguieron son en parte imputables al propio Galileo, que entró a debatir sin tener pruebas suficientes y se metió en el terreno de los teólogos".
Por esta intromisión fue declarado hereje. Un tropiezo que ha posibilitado el mito de la hostilidad de la Iglesia hacia la investigación científica.
Orígenes de la teoría de Galileo. Postura del mundo protestante.
El gran católico polaco Kopercnik, o Copérnico, canónigo de la catedral de Frauenburg, publicó en 1543 su obra fundamental: Las revoluciones de los mundos celestes, dedicada al, también astrónomo, Papa Pablo III. Dicha obra fue posible gracias a sus observaciones desde el rudimentario telescopio instalado en dicha catedral.
La teoría copernicana (la tierra y los planetas giran alrededor del Sol) daba un golpe tremendo a la hasta entonces vigente teoría ptolemáica (El Sol y los planetas giran alrededor de la Tierra) y estabilizó el fiel de la balanza de las creencias celestes hasta el proceso de Galileo en 16. Y, es curioso, la primera alarma sobre las teorías copernicanas no llega de la parte católica, sino de la protestante. Efectivamente, desde Copérnico hasta Galileo se suceden once papas que no sólo no atacan esa hipótesis, sino que además, la alientan. Por el contrario, fue Lutero el quer a esas tesis copernicanas ya le dedicó un texto de protesta del siguiente tenor: " La gente le presta oídos a un astrólogo improvisado, que trata de demostrar en cualquier modo que no gira el Cielo, sino la Tierra. Para ostentar inteligencia basta con inventar algo y darlo por cierto. Este Copérnico, en su locura, quiere desmontar todos los principios de la astronomía." Y Melantone, principal colaborador teológico de Lutero, se muestra inflexible: "No toleraremos semejantes fantasías".
Es más, el protestante Kepler, seguidor de Copérnico es expulsado del colegio teológico de Tubinga y tiene que huir a Praga, a donde, en cambio, le llegó una invitación católica para enseñar en la Universidad de Bolonia, de verdadero prestigio.
Fue Lutero quien más diatribas lanzó contra las tesis de Copérnico repitiendo: "Se colocaría fuera del cristianismo quien afirmara que la Tierra tiene más de seis mil años."
Eppur si muove
Así que fue desde el bando protestante desde donde arreciaron las críticas contra los nuevos y revolucionarios estudios astronómicos. El mito de su defensa en contra de los católicos se desvanece; al igual que la famosa frase "Eppur si muove", que todo el mundo, incluída la extravagante Asignatura para la Educación de la Ciudadanía, atribuye a Galileo, tras escuchar su sentencia, lanzada contra los inquisidores.
Todos esos se sorprenderían si supieran que dicha frase fue inventada en Londres, en 1757, por el periodista Giuseppe Baretti.
La condena de Galileo
La realidad es que Galileo, tras escuchar la sentencia el día 22 de Junio de 1633, en el convento dominico de Santa María sopra Minerva, dio las gracias a los diez cardenales (tres de los cuales habían votado a favor de la absolución), por la pena que le impusieron. La verdadera. Y ¿qué pena fue esa?: La obligación de rezar una vez por semana los siete salmos penitenciales, durante el plazo de tres años, que una vez concluido, el propio Galileo, bastante católico, por cierto, prolongó voluntariamente durante gran parte del resto de su vida.
Son falsas, por tanto, todas esas fábulas sobre cárceles, torturas, hogueras y cuentos.., Galileo no pasó ni un solo día en la cárcel, ni sufrió violencia de tipo alguno. La verdad fue que durante el proceso estuvo alojado en Roma, a cargo de la Santa Sede, en una vivienda de cinco habitaciones con vistas a los jardines del Vaticano y con servidor personal. Y después de escuchar la célebre sentencia, fue alojado en la maravillosa Villa Médici en el Pincio, de la que se trasladó al palacio del Obispo de Siena, uno de los muchos que le apreciaban y que le habían alentado en sus teorías Por último, llegó a su elegante villa en Arcetri, llamada por sus contemporáneos "Il gioiello (La joya).
Jamás perdió la estima, amistad y aprecio de los obispos y demás eclesiásticos. Nunca se le prohibió seguir con sus estudios y de eso se aprovechó llegando a publicar un libro titulado Discursos y demostraciones matemáticas sobre dos nuevas ciencias, que es, realmente, su obra maestra científica. Y siguió desarrollando su trabajo desde el célebre Observatorio Astronómico del Vaticano, fundado y dirigido, hasta hoy mismo por jesuitas, y de prestigio mundial. Y, finalmente, creó su propia escuela rodeado de jóvenes estudiosos, en total libertad.
Si. Galileo murió a los setenta y ocho años en su cama, con la indulgencia plenaria y la bendición del Papa, el 8 de Enero de 1642, nueve años después de la "condena".
El proceso
La verdadera condena suena aún más irrisoria cuando se conoce el desarrollo del proceso llevado a cabo por tan crueles inquisidores.
Desde el principio Galileo no pudo aportar prueba alguna que demostrara su hipótesis y lo que dijo, encima, era erróneo. Nada de frases rimbombantes ni duelo titánico con tozudos censuradores.
1er error: En los cuatro días de discusión el dato aportado para probar que la Tierra giraba alrededor del Sol fue explicar el fenómeno de las mareas, diciendo que eso se debía a la "sacudida" provocada por la Tierra en ese movimiento. Lo cual era erróneo. Y, en cambio, la aportada por los inquisidores para rebatirla, era la correcta: que el flujo y reflujo de las mareas se debe a la atracción de la Luna. Sin embargo Galileo se burló de ellos y les llamó "imbéciles"
Galileo no pudo aportar pruebas porque, realmente, el movimiento de la Tierra no se demostró hasta 1748 y físicamente, más tarde con el célebre péndulo de Foucault en 1851.
2º error: Ya antes, en 1618, con ocasión de haber aparecido en el cielo de unos cometas, había afirmado insistentemente que sólo se trataba de ilusiones ópticas y arremetido contra los astrónomos jesuitas del Observatorio Vaticano que decían, en cambio, que eran objetos celestes reales.
3er error: Afirmó que la Tierra se movía pero el Sol estaba completamente fijo, cuando, en realidad, éste también se mueve en torno al centro de las galaxia.
Es decir, Galileo, en lugar de sostener sus tesis como hipótesis, se lanzó a darlas por concluidas aportando sólo errores y, además, abusando de la comprensión y hasta benevolencia entusiasta de la Iglesia, se atrevió a querer modificar la misma Biblia, lo cual ya era harina de otro costal. E incluso, desoyendo los consejos de moderación provenientes de quienes le reportaron honores y ayudas, publicó su libro Diálogos sobre los dos mayores sistemas del mundo, con la citada carga burlesca, que llegó a poner en boca del bobo del diálogo, Simplicio, los consejos de moderación dados por el propio Papa, que era su amigo, además de admirador.
Esta soberbia fue la que le llevó al citado proceso.
Galileo no sólo se permitió abusar e insultar a sus amigos y protectores, entre ellos el propio Papa, sino también a los hombres de ciencia de su época, a la sazón los astrónomos jesuitas del Colegio Romano, contra los que lanzaba diatribas en las que llamaba a los que no aceptaban el sistema copernicano: "imbécil con la cabeza llena de pájaros" "apenas digno de ser llamado hombre" " una mancha en el honor del género humano" "que se ha quedado en la niñez" y otros piropos por el estilo.
Galileo llegó a escribir expresamente en lengua vulgar, en vez de hacerlo en el idioma culto utilizado entonces entre los hombres de ciencia, el latín, y ello con el fin de "puentear" a los teólogos y demás hombres de ciencia y llegar inmediatamente al hombre de la calle. Lo cual fue juzgado como una actitud precipitada porque no era prudente hacer llegar hipótesis aún no confirmadas como verdades y desarrolladas por los sabios, al hombre de a pié.
Y, finalmente, toda la condena fue esa: la obligación de rezar una vez por semana los siete salmos penitenciales, durante el plazo de tres años, más la de no alejarse demasiado de su lujosa villa en Arcetri, pena esta última que fue levantada enseguida.
Toda la parafernalia sobre retóricas rimbombantes y frases fantásticas y retadoras al estilo del "Eppur si muove" son invención posterior de los innumerables enemigos de la Iglesia, los ilustrados y más recientemente los marxistas como Bertold Brecht.
Mas sobre Galileo. Su querida y sus hijas.
Aún sorprende más que Galileo tuviese como protectores y amigos a canónigos, eclesiásticos y al propio Papa, cuando profundizamos un poco en su vida personal, nada desconocida entonces.
Efectivamente, nuestro "condenado", convivió abiertamente sin querer casarse con una mujer, la veneciana María Gamba, de la que tuvo un hijo varón y dos hijas. Y a la cual abandonó sin más, cuando dejó Padua para volver a la Toscana por mejores posibilidades para su carrera, quitándole, incluso, los hijos.
A las niñas las alojó primero en casa de su cuñado, pero luego pensó en una solución definitiva y se le ocurrió meterlas a monjas, y como las leyes eclesiásticas no permitían que las aún niñas cogieran los hábitos, acudió a aquellos prelados que tanto le admiraban, y así, en 1613, las dos inocentes, de trece y doce años, entraban en el monasterio de San Mateo de Arcetri y tomaban los hábitos poco después.
Virginia, que adoptó el nombre de María Celeste, pudo llevar cristianamente su cruz y vivió con profunda piedad y activa caridad, pero su hermana Livia, sor Arcángela, no lo pudo soportar y vivió sufriendo toda su existencia.
He aquí un aspecto bastante vulnerable de Galileo que haría las delicias de las feministas y demás progres de la actualidad, si no fuera porque es mucho más rentable explotar la mentira de su condena por la Iglesia a causa de la ciencia. Es más, ningún eclesiástico le reprochó nunca esas flaquezas y ello porque esa Iglesia tan moralista supo no caer en el error fácil y mezquino de mezclar su vida privada con sus ideas.
Muy diferente habría sido su suerte en la Suiza de Calvino, donde decapitaban a los concubinos, o en la Alemania luterana.
miércoles 11 de junio de 2008
La Iglesia, origen de las Universidades
La Iglesia, origen de las Universidades.
Es el fundamento cristiano, por su creencia en un Dios creador, el que posibilitó saber que la vía de la experiencia –elemento esencial del método científico-, es la que nos permite conocer la naturaleza del universo. Así, confiamos en que seremos capaces de alcanzar a conocerlo dado que, al proceder del Logos-, se trata de un universo racional, predecible e inteligible. Por eso, únicamente a partir de esa concepción puede experimentar la ciencia el nacimiento viable al que sigue un crecimiento sostenido.
Pero esa concepción necesitaba de un instrumento adecuado que procurase su conversión en materia tangible y aprehensible por el intelecto. Ese instrumento fue la Universidad. Fenómeno enteramente nuevo en la Historia de Europa, ni en Grecia ni en Roma había existido nada similar. "La Iglesia desarrolló el sistema universitario porque era la única institución en Europa que mostraba un interés riguroso por la conservación y el cultivo del conocimiento", dice Lowrie Daly en The Medieval University. Mas a ese impulso inicial se sumó el apoyo moral y económico del Papado, que se plasmaba en la concesión de la correspondiente "Cédula Pontificia" para dar origen a una nueva Universidad.
El Papa Benedicto XVI fue entorpecido hace poco en la Universidad de La Sapiencia de Roma, cuando con motivo del comienzo del año académico, fue invitado a hablar por su rector, como cada año se hace con intelectuales y científicos. Pero varios de los asistentes intentaron boicotear el acto impidiéndole expresarse, ignorantes (lo cual dice mucho de los universitarios de hoy) de que esa Universidad fue fundada por el Papa Bonifacio VIII mediante la bula In Supremae Praeminentia Dignitatis el 20 de Abril de 1303. Con ella se fundaba el entonces llamado Studium Urbis, la primera Universidad de Roma y el primer centro universitario abierto, no sólo al clero, sino también a todos los ciudadanos, libre y público.
Ninguna otra institución hizo más por difundir el conocimiento, dentro y fuera de las universidades que la Iglesia Católica. Las facultades que hoy conocemos, con sus métodos, programas, exámenes y títulos proceden exactamente de la Edad Media y de la importancia que la Iglesia daba al método de razonamiento escolástico tanto para la correcta argumentación, en el curso de la defensa persuasiva de cada aspecto del problema, como a la búsqueda de una solución racional a los conflictos.
Como afirma Woods, "La creación de Universidades, el compromiso con la razón y la argumentación racional, y el espíritu de investigación que caracterizaban la vida real en la Edad Media fueron un regalo del Medievo latino al mundo moderno; un regalo de la civilización en cuyo
centro se hallaba la Iglesia Católica."
Es el fundamento cristiano, por su creencia en un Dios creador, el que posibilitó saber que la vía de la experiencia –elemento esencial del método científico-, es la que nos permite conocer la naturaleza del universo. Así, confiamos en que seremos capaces de alcanzar a conocerlo dado que, al proceder del Logos-, se trata de un universo racional, predecible e inteligible. Por eso, únicamente a partir de esa concepción puede experimentar la ciencia el nacimiento viable al que sigue un crecimiento sostenido.
Pero esa concepción necesitaba de un instrumento adecuado que procurase su conversión en materia tangible y aprehensible por el intelecto. Ese instrumento fue la Universidad. Fenómeno enteramente nuevo en la Historia de Europa, ni en Grecia ni en Roma había existido nada similar. "La Iglesia desarrolló el sistema universitario porque era la única institución en Europa que mostraba un interés riguroso por la conservación y el cultivo del conocimiento", dice Lowrie Daly en The Medieval University. Mas a ese impulso inicial se sumó el apoyo moral y económico del Papado, que se plasmaba en la concesión de la correspondiente "Cédula Pontificia" para dar origen a una nueva Universidad.
El Papa Benedicto XVI fue entorpecido hace poco en la Universidad de La Sapiencia de Roma, cuando con motivo del comienzo del año académico, fue invitado a hablar por su rector, como cada año se hace con intelectuales y científicos. Pero varios de los asistentes intentaron boicotear el acto impidiéndole expresarse, ignorantes (lo cual dice mucho de los universitarios de hoy) de que esa Universidad fue fundada por el Papa Bonifacio VIII mediante la bula In Supremae Praeminentia Dignitatis el 20 de Abril de 1303. Con ella se fundaba el entonces llamado Studium Urbis, la primera Universidad de Roma y el primer centro universitario abierto, no sólo al clero, sino también a todos los ciudadanos, libre y público.
Ninguna otra institución hizo más por difundir el conocimiento, dentro y fuera de las universidades que la Iglesia Católica. Las facultades que hoy conocemos, con sus métodos, programas, exámenes y títulos proceden exactamente de la Edad Media y de la importancia que la Iglesia daba al método de razonamiento escolástico tanto para la correcta argumentación, en el curso de la defensa persuasiva de cada aspecto del problema, como a la búsqueda de una solución racional a los conflictos.
Como afirma Woods, "La creación de Universidades, el compromiso con la razón y la argumentación racional, y el espíritu de investigación que caracterizaban la vida real en la Edad Media fueron un regalo del Medievo latino al mundo moderno; un regalo de la civilización en cuyo
centro se hallaba la Iglesia Católica."
martes 10 de junio de 2008
La Iglesia Católica y su aportación a la Ciencia y la Cultura
La Iglesia Católica y su aportación a la Ciencia y la Cultura
Ayer comentaba la ignorancia o deliberado error en la nueva Asignatura para la Educación de la Ciudadanía al ocultar, o pretendidamente silenciar, que la Iglesia (más adelante me centraré en el caso Galileo) creó y desarrolló en Europa el sistema de Universidades, llegando a alcanzar en esos centros de enseñanza debates intelectuales hasta extremos que causarían asombro, libres, sin cortapisas, exaltando la razón humana y sus capacidades, el compromiso con un debate racional y riguroso y el impulso de la investigación intelectual y el intercambio académico. Lo que propició la gran revolución científica que habría de operarse en la civilización occidental. Muchos de los pioneros investigadores y científicos eran a la sazón sacerdotes.
¿En qué materia significativa para el progreso de la civilización, a lo largo de la Edad Media no intervino la Iglesia?.
.-Recuperación y transmisión de los textos clásicos de la antigua Grecia y Roma. Labor providencial tras el incendio y destrucción de la Biblioteca de Alejandría, la mayor y más completa de la Alta Edad Media, por las hordas musulmanas.
.-Invención de la letra minúscula carolingia, instrumento clave para la alfabetización y su extensión por todo el territorio europeo.
.-Desarrollo de las técnicas de agricultura y regadío, principalmente a cargo de los monasterios benedictinos, transformando extensas zonas en tierras cultivables y paliando el hambre de muchas familias en épocas de precariedad laboral, ayuda en periodos de escasez material y recurso en situaciones de fuerte convulsión social. (Numerosas personas encontraron trabajo y amparo social en los monasterios, bajo diversas formas de empleo seglar, posibilidades cercenadas en el siglo XIX por la ceguera, la ignorancia y odio de las leyes desamortizadoras)
.-También los monjes fueron pioneros en la práctica de cruces de ganado, a fin de mejorar las especies, lo cual también contribuyó a la mejora de las cabañas rurales con su indudable beneficio social.
.-Desarrollo de las técnicas metalúrgicas, con su repercusión en la fabricación de mejores instrumentos y artilugios, y su incidencia en la construcción de catedrales y toda clase de edificios.
.-Numerosos monasterios destacaron por su avanzada farmacopea (aún sorprenden boticas como la del de Santo Domingo de Silos), impulsando la alquimia y los productos medicinales precursores de las químicas modernas. No digamos sobre la aportación especializadísima en el campo de la botánica y el conocimiento de las especies herbáceas, plantas medicinales, imprescindibles para el actual conocimiento de la Medicina moderna.
.-Reconocida es la aportación de monjes y clérigos en materia de geografía y cartografía (recordemos el episodio de Cristóbal Colón con los monjes de La Rábida, y su incondicional apoyo), también en otros campos científicos como la física, la meteorología, sismología y, por supuesto, la astronomía.
.-Todo el mundo cristiano está repleto de obras de arte de todo tipo: pintura, escultura, arquitectura, orfebrería.., no solamente impulsadas y amparadas por la Iglesia, principal mecenas de talla mundial, sino también, ejecutadas por monjes y clérigos, desde la temprana época de los códices miniados.
.-La viticultura desarrollada en los monasterios fue esencial para el comercio medieval. No sólo fomentaron y enriquecieron las antiguas técnicas de cultivo, sino que, además, mejoraron las correspondientes a la crianza del vino en sus exquisitas bodegas monacales (puede recomendarse el célebre valdevegón del monasterio burgalés de San Pedro de Cardeña).
En este apartado, cabe relatar un curioso episodio de esta tecnología vitivinícola, que recoge D. Pablo Arribas Briones en su libro Pícaros y picaresca en el camino de Santiago. Pues érase que el joven Dom Perignon, en el célebre monasterio de la Champagne francesa, origen de los magníficos espumosos de esa denominación, había observado que los peregrinos que regresaban de España, tapaban sus calabazas no con el tapón de madera habitual y único conocido, sino con otros de un material ignorado en Europa: el corcho. Así que, ni corto ni perezoso, probó a aplicarlo a las botellas de vino espumoso que se consumían en el monasterio y que jamás pensaron en que salieran de allí al ser incapaces los tapones de madera mantener dicho vino en su punto gaseoso, por más de unos días. Y al observar que con los de corcho sí se mantenía, casi eternamente, al fin aquél espumoso que no lograba traspasar los muros de la abadía, pudo hacerse mundialmente célebre con el nombre de Champagne.
.-Finalmente, por finalizar, medianamente este resumen sobre la aportación de la Iglesia en todos los campos de la civilización occidental, cómo no citar la Escuela de Salamanca con el dominico Francisco de Vitoria a su cabeza, origen del Derecho Internacional. Obligado citar a Nicolás de Oresme, precursor de la moderna ciencia económica.
Y no podemos olvidar la difícil tarea de enseñar el idioma vocal a los sordomudos. El primero de ellos fue el benedictino Pedro Ponce de León, nacido en el pueblo leonés de Sahagún a principios del siglo XVI. Ponce de León consiguió enseñar a hablar y a leer a varios sordos del monasterio de Oña. Fray Pedro inventó un alfabeto manual que permitía a los sordomudos deletrear los sonidos con los dedos.
Ayer comentaba la ignorancia o deliberado error en la nueva Asignatura para la Educación de la Ciudadanía al ocultar, o pretendidamente silenciar, que la Iglesia (más adelante me centraré en el caso Galileo) creó y desarrolló en Europa el sistema de Universidades, llegando a alcanzar en esos centros de enseñanza debates intelectuales hasta extremos que causarían asombro, libres, sin cortapisas, exaltando la razón humana y sus capacidades, el compromiso con un debate racional y riguroso y el impulso de la investigación intelectual y el intercambio académico. Lo que propició la gran revolución científica que habría de operarse en la civilización occidental. Muchos de los pioneros investigadores y científicos eran a la sazón sacerdotes.
¿En qué materia significativa para el progreso de la civilización, a lo largo de la Edad Media no intervino la Iglesia?.
.-Recuperación y transmisión de los textos clásicos de la antigua Grecia y Roma. Labor providencial tras el incendio y destrucción de la Biblioteca de Alejandría, la mayor y más completa de la Alta Edad Media, por las hordas musulmanas.
.-Invención de la letra minúscula carolingia, instrumento clave para la alfabetización y su extensión por todo el territorio europeo.
.-Desarrollo de las técnicas de agricultura y regadío, principalmente a cargo de los monasterios benedictinos, transformando extensas zonas en tierras cultivables y paliando el hambre de muchas familias en épocas de precariedad laboral, ayuda en periodos de escasez material y recurso en situaciones de fuerte convulsión social. (Numerosas personas encontraron trabajo y amparo social en los monasterios, bajo diversas formas de empleo seglar, posibilidades cercenadas en el siglo XIX por la ceguera, la ignorancia y odio de las leyes desamortizadoras)
.-También los monjes fueron pioneros en la práctica de cruces de ganado, a fin de mejorar las especies, lo cual también contribuyó a la mejora de las cabañas rurales con su indudable beneficio social.
.-Desarrollo de las técnicas metalúrgicas, con su repercusión en la fabricación de mejores instrumentos y artilugios, y su incidencia en la construcción de catedrales y toda clase de edificios.
.-Numerosos monasterios destacaron por su avanzada farmacopea (aún sorprenden boticas como la del de Santo Domingo de Silos), impulsando la alquimia y los productos medicinales precursores de las químicas modernas. No digamos sobre la aportación especializadísima en el campo de la botánica y el conocimiento de las especies herbáceas, plantas medicinales, imprescindibles para el actual conocimiento de la Medicina moderna.
.-Reconocida es la aportación de monjes y clérigos en materia de geografía y cartografía (recordemos el episodio de Cristóbal Colón con los monjes de La Rábida, y su incondicional apoyo), también en otros campos científicos como la física, la meteorología, sismología y, por supuesto, la astronomía.
.-Todo el mundo cristiano está repleto de obras de arte de todo tipo: pintura, escultura, arquitectura, orfebrería.., no solamente impulsadas y amparadas por la Iglesia, principal mecenas de talla mundial, sino también, ejecutadas por monjes y clérigos, desde la temprana época de los códices miniados.
.-La viticultura desarrollada en los monasterios fue esencial para el comercio medieval. No sólo fomentaron y enriquecieron las antiguas técnicas de cultivo, sino que, además, mejoraron las correspondientes a la crianza del vino en sus exquisitas bodegas monacales (puede recomendarse el célebre valdevegón del monasterio burgalés de San Pedro de Cardeña).
En este apartado, cabe relatar un curioso episodio de esta tecnología vitivinícola, que recoge D. Pablo Arribas Briones en su libro Pícaros y picaresca en el camino de Santiago. Pues érase que el joven Dom Perignon, en el célebre monasterio de la Champagne francesa, origen de los magníficos espumosos de esa denominación, había observado que los peregrinos que regresaban de España, tapaban sus calabazas no con el tapón de madera habitual y único conocido, sino con otros de un material ignorado en Europa: el corcho. Así que, ni corto ni perezoso, probó a aplicarlo a las botellas de vino espumoso que se consumían en el monasterio y que jamás pensaron en que salieran de allí al ser incapaces los tapones de madera mantener dicho vino en su punto gaseoso, por más de unos días. Y al observar que con los de corcho sí se mantenía, casi eternamente, al fin aquél espumoso que no lograba traspasar los muros de la abadía, pudo hacerse mundialmente célebre con el nombre de Champagne.
.-Finalmente, por finalizar, medianamente este resumen sobre la aportación de la Iglesia en todos los campos de la civilización occidental, cómo no citar la Escuela de Salamanca con el dominico Francisco de Vitoria a su cabeza, origen del Derecho Internacional. Obligado citar a Nicolás de Oresme, precursor de la moderna ciencia económica.
Y no podemos olvidar la difícil tarea de enseñar el idioma vocal a los sordomudos. El primero de ellos fue el benedictino Pedro Ponce de León, nacido en el pueblo leonés de Sahagún a principios del siglo XVI. Ponce de León consiguió enseñar a hablar y a leer a varios sordos del monasterio de Oña. Fray Pedro inventó un alfabeto manual que permitía a los sordomudos deletrear los sonidos con los dedos.
lunes 9 de junio de 2008
La Iglesia en algún aspecto de Educación para la Ciudadanía.
La Iglesia en algún aspecto de Educación para la Ciudadanía.
No existe obstáculo alguno para que el Gobierno zapateril pueda llevar a cabo sus objetivos, ni morales, ni legales, ni, siquiera, de pura razón o lógica.
Durante décadas, hasta la creación del Ejército profesional (carísimo y raquítico), hace pocos años, la táctica progre venía siendo la de una sistemática oposición a hacer la "mili", por motivos de conciencia. Es decir que, para ellos instruirse en el manejo de las armas para defensa de la nación y de todos sus habitantes y bienes era un grave problema moral. Y por eso, miles de jóvenes alegaron objeción de conciencia para no hacerlo. Y coló. Hasta el punto de que no sólo se libraron de hacerla, sino que, además, se cargaron el sistema de defensa militar, mediante cupos de reemplazo para, como digo, implantar el actual Ejército "profesional".
Bien pues, el gobierno zapateril, como saben los lectores, obliga a todos los alumnos de primaria a estudiar la célebre Asignatura de Educación para la Ciudadanía, anta la cual también miles de padres han ejercido o intentan ejercer su igual derecho a la objeción de conciencia, que, además, está reconocido por la Constitución; si bien, en su artículo 30, dedicado al derecho y deber de defender España. O sea que, para eso, como además era el momento progre de la época, sí se reconoce el derecho a objetar, pero para que los niños no sean embaucados en un de los mayores fraudes educativos y culturales de los últimos tiempos, para eso no existe tal derecho. Ni aunque lo establezca, por Sentencia el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía. Tan es así que la ministra Cabrera ya ha advertido ( que no amenazado, como ella misma se encarga de recalcar) que los objetores no podrán pasar de curso si persisten en su actitud. A pesar de que con la nueva legislación educativa, puede pasarse de curso hasta con tres asignaturas pendientes.
Así las cosas, en el Ejercicio 11 de esa Asignatura de Educación para la Ciudadanía, dedicado a unas reflexiones sobre los artículos 10 y 11 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, después se reseña que "Nadie será condenado por actos u omisiones que en el momento de cometerse no fueran delictivos según el Derecho nacional o internacional. Tampoco se impondrá pena más grave que la aplicable en el momento de la comisión del delito." Y, ¿adivinan a quién ponen como ejemplo de la gran injusticia?, pues a una "víctima" de la Iglesia, como no podía ser de otro modo. ¿Qué victima?, pues el de moda, porque así, no sólo, señalan a la Iglesia como cruel devoradora de inocentes sino además, como gran perturbadora y entorpecedora de toda clase de ciencia y cultura. Lo de moda. O sea, el eterno caso Galileo.
Y dice tan pancha esa Asignatura, en el citado capítulo que "El Santo Oficio, considerando filosóficamente absurda la nueva teoría del sistema solar le invitó a cesar de enseñarla, al mismo tiempo que ponía en entredicho el libro de Copérnico sobre la materia."(texto
sacado de la gran Enciclopedia Universal Asuri. Asuri Bilbao 1982).
No existe obstáculo alguno para que el Gobierno zapateril pueda llevar a cabo sus objetivos, ni morales, ni legales, ni, siquiera, de pura razón o lógica.
Durante décadas, hasta la creación del Ejército profesional (carísimo y raquítico), hace pocos años, la táctica progre venía siendo la de una sistemática oposición a hacer la "mili", por motivos de conciencia. Es decir que, para ellos instruirse en el manejo de las armas para defensa de la nación y de todos sus habitantes y bienes era un grave problema moral. Y por eso, miles de jóvenes alegaron objeción de conciencia para no hacerlo. Y coló. Hasta el punto de que no sólo se libraron de hacerla, sino que, además, se cargaron el sistema de defensa militar, mediante cupos de reemplazo para, como digo, implantar el actual Ejército "profesional".
Bien pues, el gobierno zapateril, como saben los lectores, obliga a todos los alumnos de primaria a estudiar la célebre Asignatura de Educación para la Ciudadanía, anta la cual también miles de padres han ejercido o intentan ejercer su igual derecho a la objeción de conciencia, que, además, está reconocido por la Constitución; si bien, en su artículo 30, dedicado al derecho y deber de defender España. O sea que, para eso, como además era el momento progre de la época, sí se reconoce el derecho a objetar, pero para que los niños no sean embaucados en un de los mayores fraudes educativos y culturales de los últimos tiempos, para eso no existe tal derecho. Ni aunque lo establezca, por Sentencia el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía. Tan es así que la ministra Cabrera ya ha advertido ( que no amenazado, como ella misma se encarga de recalcar) que los objetores no podrán pasar de curso si persisten en su actitud. A pesar de que con la nueva legislación educativa, puede pasarse de curso hasta con tres asignaturas pendientes.
Así las cosas, en el Ejercicio 11 de esa Asignatura de Educación para la Ciudadanía, dedicado a unas reflexiones sobre los artículos 10 y 11 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, después se reseña que "Nadie será condenado por actos u omisiones que en el momento de cometerse no fueran delictivos según el Derecho nacional o internacional. Tampoco se impondrá pena más grave que la aplicable en el momento de la comisión del delito." Y, ¿adivinan a quién ponen como ejemplo de la gran injusticia?, pues a una "víctima" de la Iglesia, como no podía ser de otro modo. ¿Qué victima?, pues el de moda, porque así, no sólo, señalan a la Iglesia como cruel devoradora de inocentes sino además, como gran perturbadora y entorpecedora de toda clase de ciencia y cultura. Lo de moda. O sea, el eterno caso Galileo.
Y dice tan pancha esa Asignatura, en el citado capítulo que "El Santo Oficio, considerando filosóficamente absurda la nueva teoría del sistema solar le invitó a cesar de enseñarla, al mismo tiempo que ponía en entredicho el libro de Copérnico sobre la materia."(texto
sacado de la gran Enciclopedia Universal Asuri. Asuri Bilbao 1982).
En defensa del Cristianismo y de la Cristiandad
Hoy se denigra, se denosta y se difama al Cristianismo desde todos los ámbitos. Pero quienes lo hacen, no dejan de ser esbirros de su Señor, el Padre de la Mentira y Príncipe de las Tinieblas.
Desde este blog queremos aportar verdades y argumentos para desmontar todas las calumnias y falsedades que se proclaman a los cuatro vientos contra la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo, nuestra Santa, Católica y Apostólica Iglesia.
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